Mexican economist Miguel Angel Ferrer (born 1948) has written a very nice column on the virtues of Mexico City’s universal pension. Here is an extract. (For those who cannot read Spanish, a rough translation follows the original text. But this type of prose always reads better in the original.)
Por lo que toca a los adultos mayores, el salario social asume la forma de una asignación universal sin contraprestación ninguna y sin más requisito que haber alcanzado los sesenta y ocho años de vida y residir en la Ciudad de México, igualmente llamada Distrito Federal. Y a partir del primer día de 2012, esa asignación universal y directa es de 934 pesos y 25 centavos al mes, algo más 30 pesos diarios, y recibe el nombre oficial de “Pensión alimentaria para adultos mayores”.
Este programa, desde luego, cuenta con la aquiescencia de la inmensa mayoría de la población de la ciudad de México. Y sólo recibe críticas y demandas de cancelación por cuenta de algunos sectores sociales y personalidades del más rancio conservadurismo y nula solidaridad social e inteligencia.
Al ser un programa de carácter universal y no focalizado, la pensión alimentaria para adultos mayores es casi inmune a la corrupción y a la simulación. Y acaso lo único censurable del noble programa sea la insuficiencia o el reducido monto que recibe cada anciano inscrito en el padrón respectivo. Pero a pesar de su bajo monto, esos 30 pesos al día pueden hacer la diferencia entre comer y no comer, entre una vida austera y la más dolorosa de las miserias. ….
Probada la justicia, pertinencia y viabilidad financiera del programa, éste ha adquirido carácter institucional. Y ya es patrimonio, difícilmente reversible, de los habitantes de la ciudad capital de los mexicanos.
Miguel Angel Ferrer, “Ancianos y pensión alimentaria“, El Sol de México, 21 de septiembre de 2012.
The social wage of seniors takes the form of a universal pension without need for a record of contributions or employment and without any requirement other than reach the age of sixty-eight years and reside in Mexico City, also called the Federal District. From the first day of the year 2012, that universal pension is 934 pesos and 25 cents a month, somewhat more than 30 pesos (USS$2.35) daily, and it goes by the official name “Food allowance for seniors”.
This programme of course is supported by the vast majority of the population of Mexico City. It receives criticism and demands for cancellation only from certain social sectors, from personalities of the most rancid conservatism, who show zero social solidarity and intelligence.
Being a programme that is universal and not targeted, the food allowance for seniors is nearly immune to corruption and graft. Perhaps the only defect of the noble programme is the small amount received by each senior included in the list of beneficiaries. But 30 pesos a day can make the difference between eating and not eating, between a life of austerity and the most painful miseries. ….
Having proven its justice, relevance and financial viability, the programme has acquired an institutional character. It has come to form part of the heritage, difficult to reverse, of residents of Mexico’s capital city.
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